Tiburón de Groenlandia: el misterio de su longevidad fascinante

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Durante siglos, los marineros del Atlántico Norte han compartido relatos de un extraño y fantasmal depredador que habita en las frías aguas de Groenlandia e Islandia. Se trata del tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus), un gigante marino de movimientos lentos capaz de sobrevivir en profundidades extremas. Este tiburón, rodeado de leyendas entre pescadores inuit y navegantes escandinavos, reveló uno de los mayores misterios biológicos del planeta cuando en 2016 un grupo de investigadores liderados por Julius Nielsen, de la Universidad de Copenhague, publicó un estudio innovador que demostró que algunos ejemplares pueden vivir hasta 400 años, convirtiéndolo en el vertebrado más longevo conocido por la ciencia.

El estudio, publicado en la revista Science, se basó en el análisis de 28 hembras capturadas accidentalmente por pesqueros en el Atlántico Norte, algunas de ellas superando los cinco metros de longitud. Los científicos, tras décadas de investigación para determinar la longevidad de esta especie, encontraron que el tiburón de Groenlandia carece de estructuras calcificadas que faciliten la estimación de su edad, a diferencia de otros peces. La solución a este enigma se encontró en el cristalino de su ojo, donde las proteínas generadas durante el desarrollo embrionario pueden ser datadas por radiocarbono, permitiendo así establecer una cronología aproximada de su edad.

La revelación de que el tiburón de Groenlandia puede vivir casi 400 años ha impactado considerablemente a la comunidad científica, ya que este depredador marcó un nuevo récord en longevidad, superando ampliamente a la ballena boreal, que hasta entonces poseía el título con una vida estimada de 211 años. Lo inquietante es que la mayoría de los tiburones analizados nacieron en el siglo XVII, una época marcada por guerras de religión en Europa y un mundo muy diferente al actual. Este descubrimiento no solo cambia nuestra comprensión acerca del tiburón, sino que también invita a reflexionar sobre la historia evolutiva de la especie y sus adaptaciones a su entorno helado.

Aparte de su impresionante longevidad, el estudio también reveló que los tiburones de Groenlandia presentan un crecimiento extremadamente lento, alcanzando aproximadamente un centímetro por año y madurando sexualmente alrededor de los 150 años. Este hecho tiene enormes implicaciones ecológicas, pues una especie que requiere tanto tiempo para alcanzar la madurez es particularmente vulnerable a la pesca accidental y los cambios ambientales. Investigadores advierten que la recuperación de estas poblaciones puede requerir siglos, especialmente después de las intensas capturas sufridas durante el siglo XX para la producción de aceites industriales.

Además de su longevidad y lento crecimiento, estudios recientes han revelado que el tiburón de Groenlandia es un depredador activo, capaz de cazar focas y otros mamíferos marinos. A través de análisis del contenido estomacal de estos tiburones, se ha evidenciado un cambio en su dieta a medida que crecen, convirtiéndose en predadores de nivel superior en su ecosistema. A medida que se desentrañan estos misterios, los científicos también lograron secuenciar el genoma completo de la especie, que presenta regiones que podrían explicar su extraordinaria longevidad. Este tiburón, que ha sobrevivido a siglos de historia humana, sigue desafiando nuestras creencias sobre el tiempo y la naturaleza de la vida misma.

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