Multitarea: ¿El cerebro realmente puede hacerlo todo a la vez?

La promesa de entrenar nuestro cerebro para realizar múltiples tareas al mismo tiempo ha capturado la atención de muchos en la actualidad, con titulares optimistas que sugieren la posibilidad de manejar simultáneamente varias actividades exigentes, como si tuviéramos el control de dos volantes con una sola cabeza. Sin embargo, tras este atractivo concepto se encuentra un panorama más complejo según la neurociencia. La realidad es que lo que comúnmente denominamos multitarea no implica ejecutar dos actividades de manera concurrente, sino una rápida alternancia entre ellas, lo que ocasiona un costo significativo en términos de tiempo de respuesta y errores. Este fenómeno se ha documentado a través de estudios en psicología cognitiva, revelando que al intentar atender a múltiples tareas se paga un precio en atención y concentración, ya que nuestro cerebro tiene recursos limitados, especialmente en la corteza prefrontal, que es la encargada del control ejecutivo.

El estudio clásico que sentó las bases en este campo fue realizado por Paul Dux y su equipo en 2009, quien utilizó resonancia magnética funcional (fMRI) para analizar la actividad cerebral de un pequeño grupo de participantes sometidos a entrenamiento específico. Aunque los resultados mostraron una mejora en la capacidad para alternar tareas, no se trataba de un avance que permitiera realizar tareas en paralelo de manera efectiva. En cambio, el cerebro se adaptó acelerando ciertas etapas del procesamiento de la información, aunque el cuello de botella en la corteza prefrontal permaneció. Esta eliminación de interferencias entre tareas se logró mediante una mejora en la velocidad del procesamiento, resaltando la paradoja de que la práctica no permitía auténtica multitarea, sino un ajuste en la forma en que la información es manejada por nuestro cerebro.

Más recientemente, investigaciones de la Georgetown University han aportado un giro interesante al redescubrimiento de la automatización en lugar de la multitarea. En su estudio, los participantes se sometieron a miles de ensayos a través de una aplicación móvil, y se observó un cambio notable en la activación cerebral tras este extenso entrenamiento. Inicialmente, la tarea requería gran esfuerzo consciente a través de la corteza prefrontal, pero con la práctica, la dependencia del procesamiento se trasladó hacia áreas asociadas con la memoria y el reconocimiento de objetos. Este proceso de plasticidad neuronal permite que una tarea repetitiva pase a ser casi automática, liberando recursos cerebrales para atender a otras actividades. Por lo tanto, el verdadero avance no radica en aprender a hacer múltiples cosas a la vez, sino en hacer que una de ellas deje de necesitar atención consciente.

La distinción entre multitarea y automatización tiene implicaciones importantes para la forma en que organizamos nuestras actividades diarias. Mientras la multitarea implica gestionar simultáneamente tareas que compiten por los mismos recursos en el cerebro, la automatización se trata de entrenar tareas específicas hasta el punto en que se conviertan en procesos casi automáticos. Como señala la investigación, para lograr este efecto, se requiere un volumen considerable de práctica, lo que implica que las soluciones rápidas y eficaces para ser más productivos no existen. Quienes han llevado sus tareas a un nivel más automático cuentan con una ventaja significativa al poder desviar su atención a otra tarea, lo que significa que sí, se pueden crear «autopilotos» para tareas repetitivas, pero esto requiere tiempo y esfuerzo.

A pesar de los avances en la comprensión del cerebro y la posibilidad de mejorar la eficacia, es crucial reconocer los límites del training cerebral. Automatizar una tarea no significa que esta será compatible con cualquier otra que requiera recursos similares. Actividades que compiten por la atención sensorial, como conducir mientras miramos el móvil, jamás podrán ejecutarse sin riesgo, independientemente de la experiencia. Investigaciones previas han subrayado la necesidad de ser cautelosos con el multitasking, especialmente en situaciones cognitivamente exigentes. La clave está en identificar qué tareas tienen el potencial de convertirse en emergencias confiables a través de la automatización, y cuáles deben mantenerse bajo un control consciente riguroso para fomentar tanto la eficacia como la seguridad.

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