Universidades, centros de investigación, organismos públicos y equipos científicos ligados al sector forestal llevan décadas estudiando en Chile cómo los bosques y las plantaciones interactúan con el agua y el ciclo hidrológico.
La pregunta parece sencilla: ¿qué ocurre con el agua cuando cambia la vegetación de un territorio? La Universidad Austral, Universidad de Chile, Universidad de Concepción, Universidad de Talca, el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), el Instituto Forestal (INFOR) y Bioforest de Forestal ARAUCO, entre otras instituciones, forman parte de una red de investigación que ha seguido precipitaciones, caudales, evapotranspiración, aguas subterráneas y cambios de cobertura desde parcelas experimentales hasta grandes cuencas.
Responder la interrogante inicial exige bastante más que medir cuánta lluvia cae. Parte de esa precipitación queda retenida por el follaje, otra alcanza el suelo, se infiltra, alimenta reservas subterráneas o llega a ríos y esteros. Los árboles, al mismo tiempo, utilizan agua durante su crecimiento y la devuelven a la atmósfera mediante la transpiración.
El resultado final depende de una combinación de especie, edad, densidad, manejo, suelo, geología, precipitaciones, temperatura y ubicación dentro de la cuenca.
Chile ofrece condiciones especialmente interesantes para investigar estos procesos. En el centro-sur conviven bosque nativo, plantaciones de pino y eucalipto, agricultura y ciudades, bajo un clima caracterizado por una marcada estacionalidad de las lluvias y períodos prolongados de sequía, como la megasequía que afecta a la zona central y centro-sur desde 2010.
Esa diversidad ha convertido al país en un verdadero laboratorio para la hidrología forestal.

La academia chilena lleva décadas siguiendo el agua entre bosques y plantaciones
Una de las mejores fotografías del conocimiento acumulado apareció en 2023. La revisión “Forest hydrology in Chile: Past, present, and future”, publicada en Journal of Hydrology, sistematizó 75 investigaciones publicadas desde 1975 sobre cantidad y calidad del agua en sistemas forestales de Chile.
El trabajo fue liderado desde Bioforest y reunió a investigadores de universidades chilenas y extranjeras, centros científicos e INFOR, en un esfuerzo inédito de colaboración entre academia e industria.
Los autores describen a Chile como un “laboratorio natural” para estudiar la hidrología forestal, debido a la combinación de bosques naturales y plantados y a la diversidad de climas, suelos, geología y topografía presente entre los 29° y 56° de latitud sur (el rango geográfico de los bosques analizados, no necesariamente la ubicación exacta de los 75 estudios revisados)
La revisión identifica además 20 brechas de investigación, entre ellas las relaciones entre suelo, plantas y atmósfera, el funcionamiento de las aguas subterráneas en sistemas forestales, la hidrología del bosque nativo y los efectos del manejo y la restauración. El 56% de los estudios revisados se concentra en el sur de Chile, principalmente en torno a la Región de Los Ríos.
De Valdivia a Biobío: universidades que han construido las series de largo plazo
La Universidad Austral de Chile es uno de los principales núcleos de esta investigación. Desde su Facultad de Ciencias Forestales y Recursos Naturales se han estudiado por décadas precipitación, caudales, infiltración, erosión, sedimentos y respuesta de cuencas frente a distintos usos del suelo.
De este entorno académico provienen varias investigaciones que han permitido comparar plantaciones y bosque nativo a escalas pequeñas y seguir qué ocurre después de cambios en la cobertura forestal.
Otro salto de escala se produjo con estudios desarrollados por investigadores de la Universidad Austral, Universidad de Chile y CR2. Ya en 2009, un estudio publicado en Journal of Hydrology por Carolina Little, Antonio Lara, James McPhee y Ricardo Urrutia analizó el impacto de las plantaciones forestales exóticas sobre la producción de agua en cuencas de gran escala del centro-sur de Chile.
Un estudio publicado en 2019 en la revista Forests por Camila Alvarez-Garreton y otros investigadores analizó cómo la cobertura de bosque nativo y plantaciones forestales se relaciona con la disponibilidad de agua en el centro-sur de Chile. Los investigadores analizaron 25 cuencas forestales del centro-sur de Chile, todas superiores a 20.000 hectáreas. La investigación evaluó cómo distintas proporciones de bosque nativo, plantaciones, praderas y matorrales se relacionaban con la escorrentía anual.
El estudio encontró una asociación entre una mayor superficie de plantaciones y una menor escorrentía anual en las cuencas analizadas. La magnitud de esa relación variaba según la cobertura reemplazada, las precipitaciones, el tamaño y otras características de cada cuenca. Los autores advierten que se trata de una relación estadística y que parte del efecto observado también puede estar asociado a la sequía y a otras condiciones ambientales.
Posteriormente, el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) utilizó estos resultados como insumo para un policy brief sobre disponibilidad hídrica y cobertura forestal.
Buena parte de estos estudios se apoya en la red de estaciones fluviométricas y meteorológicas de la Dirección General de Aguas (DGA) y en bases de datos abiertas como CAMELS-CL, desarrollada por el CR2.
Esta diversidad de instituciones ayuda a explicar por qué hoy existe mucha más información sobre bosques y agua que hace dos o tres décadas. También permite entender por qué la evidencia científica se construye mejor mediante series extensas y comparación de distintos territorios.
Bioforest-ARAUCO: llevar la investigación hidrológica al manejo del territorio
Dentro de este ecosistema aparece también Bioforest, el centro pionero de investigación científica de ARAUCO, creado para desarrollar investigación aplicada en ámbitos forestales, ambientales e industriales.
En materia de agua, su participación tiene una característica particular: trabaja directamente sobre territorios sometidos a manejo forestal y genera información que puede incorporarse posteriormente a decisiones operacionales.
ARAUCO señala que Bioforest entrega apoyo científico a su estrategia del Agua, que se basa en 4 grandes pilares, siendo uno de ellos el conocimiento entorno a los recursos hídricos, y desde el contribuir con el programa “Desafío Agua”, generando estudios destinados a alimentar modelos hidrológicos capaces de representar la dinámica del recurso en el territorio. La empresa vincula este trabajo con la planificación y el monitoreo de operaciones forestales y con medidas orientadas a la calidad del agua y al abastecimiento de comunidades vecinas.
Es una diferencia relevante frente a una investigación construida exclusivamente desde una parcela experimental. En este caso, el objetivo consiste también en trasladar los resultados hacia decisiones sobre manejo forestal.

De las cuencas monitoreadas a los modelos hidrológicos
Según información de la empresa, el programa de monitoreo hidrológico de la compañía se extiende desde Maule hasta Los Ríos y compara la producción de agua en 16 cuencas chilenas con distintos usos de suelo, incluyendo plantaciones y bosque nativo bajo condiciones climáticas diferentes.
La lógica detrás de esta red coincide con una de las principales conclusiones que deja la investigación académica: observar una única cuenca entrega una fotografía local; contar con territorios bajo distintas coberturas y condiciones climáticas permite comenzar a comparar comportamientos.
“Medir muchas cuencas durante muchos años, con distintas coberturas y climas, es lo que permite separar el efecto del manejo del efecto de la lluvia. Los modelos nos ayudan a llevar esa información a cuencas que no medimos y a evaluar escenarios antes de intervenir”, explica Francisco Balocchi, Jefe de Hidrología y Monitoreo de Cuencas en Bioforest.
La relación entre Bioforest y la academia también aparece en diferentes publicaciones científicas, entre ellas la propia revisión de 2023. Esa participación muestra un modelo de investigación donde academia e industria pueden compartir preguntas, datos y capacidades técnicas.
La distinción entre tipos de evidencia sigue siendo importante. Mientras los datos de monitoreo publicados por ARAUCO corresponden a información de la compañía, los trabajos sometidos a revisión por pares agregan una capa independiente de evaluación científica sobre métodos, resultados e interpretación.
El monitoreo empieza a traducirse en planes de gestión de cuencas
El Reporte Integrado 2025 de la forestal muestra además una evolución desde el monitoreo hacia la gestión.
ARAUCO estableció como meta implementar Planes de Gestión de Cuencas en todas las áreas críticas de su patrimonio forestal en Chile al 2030. Según el mismo reporte, al cierre de 2025 estos planes ya estaban implementados en el 100% de las cuencas identificadas como críticas, que en conjunto representan unas 69 mil hectáreas de propiedad de la empresa.
La gestión de cuencas puede incorporar ubicación de plantaciones, edad de los rodales, coberturas de bosque nativo, cursos de agua, zonas de protección, características del suelo y necesidades humanas existentes aguas abajo.
El detalle de esas decisiones y sus resultados constituye precisamente uno de los ámbitos donde disponer de series públicas y comparables puede fortalecer la evaluación del desempeño a largo plazo.
¿Qué falta por conocer sobre bosques y agua?
Décadas de investigación han permitido responder muchas preguntas y también han hecho más visibles las que siguen abiertas.
Las brechas que identificó la revisión de 2023 siguen vigentes. A ellas se suma una pregunta que la megasequía hizo urgente: cómo separar el efecto del clima del efecto de la cobertura forestal, y cómo responden los caudales de verano en las cuencas pequeñas de las que dependen muchos sistemas de agua potable rural.
También existe un desafío territorial. Gran parte de la evidencia proviene del sur de Chile, más lluvioso, mientras que las regiones de clima mediterráneo, donde se concentran las plantaciones y donde la sequía ha sido más intensa, cuentan con menos estudios de largo plazo.
El informe multisectorial “Desafío forestal para un Chile sostenible” propone precisamente crear una Red Nacional de Monitoreo de cuencas y microcuencas, con metodologías consensuadas sobre base científica y capacidad para comparar oferta y demanda de agua según el tipo de cobertura vegetal. La propuesta contempla participación de organismos públicos, financiamiento científico y disponibilidad abierta de información.
El mismo informe plantea fortalecer estudios comparativos entre plantaciones, bosque nativo y otras coberturas, incorporando variables hidrogeológicas y espaciales.
Esta propuesta surge de un trabajo multisectorial que reunió a la academia, organismos públicos, sociedad civil y empresas. Funciona como una hoja de ruta para la discusión y no corresponde a una red nacional actualmente implementada.
El siguiente paso: conectar datos, academia y manejo forestal
La investigación chilena sobre bosques y agua ha recorrido un camino largo: desde parcelas donde se medía lluvia bajo las copas hasta modelos que hoy pueden estudiar decenas de cuencas simultáneamente.
Universidad Austral, Universidad de Chile, Universidad de Concepción, Universidad de Talca, CR2 e INFOR han generado buena parte de la evidencia independiente disponible. Bioforest incorpora otra dimensión al trabajar con información generada dentro de territorios productivos de ARAUCO y trasladar ese conocimiento hacia modelos y planes de gestión.
El desafío siguiente está en hacer cada vez más comparables esas fuentes de información.
Series de lluvia y caudal, aguas subterráneas, cobertura vegetal, edad de los rodales, operaciones forestales, suelo y geología pueden entregar respuestas mucho más robustas cuando se observan durante períodos extensos y bajo metodologías conocidas.
La evidencia acumulada ya permite establecer algunas cosas con claridad: el tipo de cobertura influye en cuánta agua llega a los ríos, en especial en verano; ese efecto depende de qué proporción de la cuenca está plantada, de la edad de los rodales y del clima; y la sequía de la última década ha hecho más visible esa relación.
Comprenderla mejor requerirá mantener una conexión permanente entre ciencia académica, monitoreo público, investigación aplicada y gestión forestal. En ese punto, la experiencia acumulada por universidades y centros científicos, junto con redes como las desarrolladas por Bioforest y ARAUCO, puede aportar información para decisiones cada vez más precisas a escala de cuenca.




