Camilo Escalona, una figura fundamental en la historia del socialismo chileno y exsenador, falleció el 4 de septiembre de 2026 en la Clínica Indisa, rodeado de sus seres queridos tras una prolongada lucha contra el cáncer de próstata. A los 71 años, Escalona había dedicado más de cinco décadas a la política, ocupando roles destacados como presidente del Partido Socialista y secretario general hasta sus últimos días. A lo largo de su carrera, se destacó por su defensa del socialismo y su visión sobre la necesidad de la unidad de la izquierda en tiempos conflictivos para Chile. A pesar de su enfermedad, Escalona nunca dejó de lado su compromiso con la política, un hecho que resalta su resistencia y dedicación a sus ideales, así como su impacto en la vida pública chilena.
Escalona comenzó su camino político a una edad temprana, sumándose a la Juventud Socialista en 1969. Fue protagonista de varios hitos en la agitada historia política de Chile, particularmente durante las elecciones de 1972, donde se enfrentó a la oposición en un contexto de creciente polarización social. Aunque no logró ganar la elección, su participación marcó el inicio de un compromiso inquebrantable con el socialismo chileno, y su trayectoria estuvo llena de momentos significativos, incluyendo su resistencia al golpe de Estado de 1973. Escalona tuvo que enfrentarse a la represión, lo que lo llevó a vivir años de exilio, pero su regreso clandestino en 1982 consolidó su compromiso por la reorganización del Partido Socialista y la lucha por la democracia en Chile.
A lo largo de su carrera, Escalona defendió con firmeza la alianza entre el Partido Socialista y la Democracia Cristiana, entendiendo que la unidad de las fuerzas progresistas era fundamental para enfrentar la dictadura de Augusto Pinochet y posteriormente, los desafíos de la transición a la democracia. Su labor fue clave en la Concertación, donde abogó por reformas políticas y sociales significativas. Su capacidad de moderación y su búsqueda de acuerdos lo hicieron figuras centrales en el parlamento chileno, aunque también se ganó enemigos a lo largo de su carrera, especialmente entre aquellos que criticaban la estrategia de alianzas de su coalición. Escalona siempre buscó avanzar en la construcción de una sociedad más justa, anhelando una izquierda fuerte y unida ante los desafíos.
La relación de Escalona con otros líderes, como el expresidente Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, fue compleja y estuvo marcada por tensiones. Aunque mantuvo un vínculo político y de confianza con ambos, momentos de desacuerdo, especialmente durante las primarias de 2013 y la defensa del legado de Pinochet, dejaron cicatrices en su carrera. A pesar de estos desacuerdos, su influencia como un operador político astuto y su capacidad para trabajar en el marco de la Concertación estaban indiscutiblemente reconocidos. Durante los últimos años de su vida, y a pesar de su deteriorada salud, Escalona buscó tranquilizar a su partido en momentos críticos y continuó siendo una voz de unidad, enfatizando la importancia de la solidaridad entre militantes.
La pérdida de Camilo Escalona representa un momento de reflexión para muchos en el ámbito político chileno. Su historia y legado perduran no solo por su activa participación en la política, sino también por su arduo trabajo por la reconciliación y la justicia social en un país que aún enfrenta divisiones significativas. Su mensaje final abogando por la unidad y la hermandad en tiempos de crisis es un recordatorio poderoso de su compromiso y visión por un futuro mejor para todos los chilenos. El reconocimiento de Escalona no solo como un líder político, sino como un símbolo de resistencia y lucha por la democracia, resuena hoy en aquellos que conocieron su obra y su pasión por una sociedad más equitativa.




