El Gran Colisionador de Hadrones (LHC) ha revolucionado la física moderna, permitiendo descubrimientos que han cambiado nuestra comprensión del universo. Desde su inauguración, este gigantesco acelerador de partículas, situado en el CERN, ha sido protagonista en el hallazgo del bosón de Higgs, una partícula elusiva que proporciona explicación a la masa de otras partículas. Este avance monumental no solo ha confirmado predicciones del modelo estándar de física de partículas, sino que también ha abierto un nuevo capítulo en la búsqueda de entender la materia oscura y la asimetría del universo entre materia y antimateria. Con la expectativa de que el LHC continúe operando durante otros 15 años, los científicos ya piensan en el futuro y la próxima gran aventura en la física: el Futuro Colisionador Circular (FCC).
El FCC promete ser una obra monumental, más de tres veces mayor que el LHC, y se proyecta para ocupar un túnel de 91 kilómetros en la cuenca de Ginebra. Este colisionador, que se desarrollará en etapas, se propondrá iniciar con un colisionador de electrones y positrones, lo que permitirá medir el bosón de Higgs con mayor precisión que nunca. Esta primera fase es crucial, ya que se busca entender mejor las propiedades de esta partícula fundamental y su interacción con el campo de Higgs que permea el universo, un paso vital para abordar los interrogantes que aún quedan por resolver respecto a la naturaleza de la masa y la energía del cosmos.
En su segunda fase, el FCC avanzará hacia un colisionador de protones capaz de acelerar estas partículas hasta niveles de energía que superan siete veces los actuales. Esto abrirá la puerta a la creación de nuevas partículas que nunca antes han sido observadas, planteando un reto técnico significativo, incluyendo la necesidad de desarrollar imanes superconductores de alta potencia. Los físicos confían en que estas energías extremas no solo responderán a preguntas sobre el mecanismo del Higgs, sino que también arrojarán luz sobre por qué existe más materia que antimateria en nuestro universo y serán claves para la búsqueda de nuevos fenómenos que trascienden el modelo estándar vigente.
Sin embargo, el camino hacia la construcción del FCC no está exento de desafíos y críticas. Con un costo estimado para su primera fase de 15,000 millones de francos suizos, muchos en la comunidad científica argumentan que esta inversión es esencial para mantener el liderazgo europeo en investigación de partículas. Mientras otros países, como China y Japón, también se esfuerzan por desarrollar grandes instalaciones para la física de partículas, el CERN deberá tomar decisiones estratégicas para garantizar la financiación y continuar el legado de colaboración internacional que ha definido al laboratorio desde sus inicios. La jefa del CERN, Fabiola Gianotti, ha expresado preocupaciones sobre perder competitividad ante la creciente ambición de otros países en este campo.
El aporte del LHC va más allá de sus descubrimientos en física fundamental; ha generado un impacto significativo en tecnología y desarrollo científico global. Desde avances en medicina que han beneficiado aplicaciones en diagnóstico y tratamiento hasta el impulso del software libre que ha revolucionado la colaboración digital, el legado del LHC es innegable. La construcción del FCC no solo representa una continuación de la búsqueda de respuestas a las grandes preguntas del universo; también simboliza una inversión en el futuro tecnológico y científico, inspirando a generaciones enteras a explorar más allá de las fronteras del conocimiento actual.




