Durante más de un siglo, la historia evolutiva de los vertebrados ha sido descifrada a través de huellas que dejaron fósiles duros, como huesos y dientes. Sin embargo, un reciente descubrimiento ha transformado este entendimiento. Un equipo internacional, con sede en la Universidad de Manchester, logró acceder a los secretos de dos peces fosilizados de cuerpo blando, encontrados en Escocia y datados en 443 millones de años. Este hallazgo no solo impacta la comprensión sobre los primeros vertebrados, sino que también proporciona una visión directa de la evolución de características cruciales de los linajes humanos, como el hueso y la visión compleja.
Según el estudio publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B, los investigadores utilizaron tecnología avanzada de imagen química por rayos X para investigar los restos de Jamoytius y Lasanius, dos peces sin mandíbula del periodo Silúrico. Estos animales, que se asemejaban a anguilas, han tenido un papel menor en la narración de la evolución hasta ahora. Pero la observación a través del sincrotrón ha permitido que estos fósiles revelen características evolutivas sorprendentes que desafían lo conocido.
Un aspecto que sorprende del estudio es la identificación de ojos tipo cámara en Jamoytius. Este descubrimiento indica que estos órganos no eran simples manchas fotosensibles, como se pensaba en otras criaturas primitivas, sino que tenían una construcción que recuerda a la visión vertebrada moderna. A través del análisis químico, se encontraron altas concentraciones de zinc y cobre en sus ojos, lo que sugiere la presencia de un tejido pigmentado elaborado, reafirmando la idea de que la complejidad visual en vertebrados tiene un origen mucho más antiguo de lo que se creía.
Adicionalmente, el estudio reveló que Jamoytius y Lasanius contaban con tejido óseo fosilizado. Los científicos encontraron estructuras óseas compuestas de apatita, similar a la que se encuentra en los vertebrados actuales, desafiando décadas de especulación sobre la naturaleza de estos fósiles. Esto desplaza el origen del hueso en la evolución vertebrada mucho antes de lo estimado, sugiriendo que estos peces eran más complejos de lo que inicialmente se pensaba, y que los linajes actuales pueden haber experimentado una regresión evolutiva.
Este trabajo establece una nueva era para la paleontología, combinando técnicas de imagen avanzada con fósiles hasta ahora ignorados. Gracias al uso del Stanford Synchrotron Radiation Lightsource, los investigadores lograron ver estructuras invisibles hasta ahora y distinguir entre elementos químicos originales y aquellos resultantes de la fosilización. Este avance no solo cambia nuestra comprensión de los vertebrados primitivos, sino que también destaca la necesidad de reevaluar los fósiles considerados intrascendentes, ya que podrían guardar secretos evolutivos esenciales que reconfiguran la narrativa de nuestros orígenes.




