El encuentro de la Copa Chile entre Everton y Universidad de Chile se convirtió en un episodio desafortunado el pasado jueves cuando, a escasos minutos de finalizar el partido, se produjo una serie de incidentes tras el encendido de fuegos artificiales y el lanzamiento de bombas de estruendo hacia la cancha. La situación, que llevó a la suspensión del partido en el minuto 82, dejó a los jugadores y aficionados consternados, especialmente porque los azules habían logrado adelantarse en el marcador con un tanto de Juan Martín Lucero a los 62 minutos. Estos acontecimientos obligaron a las autoridades a tomar decisiones rápidas sobre el futuro del duelo.
Luego de los incidentes, el presidente de la ANFP, Pablo Milad, se encontraba en Estados Unidos supervisando la preparación de la selección chilena para próximos amistosos. En respuesta a la gravedad de lo sucedido, Milad anunció que se convendría un directorio para evaluar la situación. Finalmente, se determinó que el partido se reprogramaría, y se llevaría a cabo el domingo en el Estadio Nacional, permitiendo que se completaran los siete minutos restantes antes de iniciar el partido de vuelta, una decisión que fue aprobada por ambos equipos en una reunión previa.
La Delegación Presidencial Metropolitana, consciente de los riesgos que pueden derivarse de situación similares, estableció medidas estrictas para el partido de vuelta. Entre las decisiones más relevantes se incluyó la prohibición del ingreso de los 2.866 hinchas que asistieron a la zona conflictiva en el Estadio Sausalito, así como la reclasificación del encuentro a un evento de tipo A, lo que aumenta las exigencias de seguridad para garantizar el normal desarrollo del partido.
Además de controlar el acceso de los hinchas, la prohibición de la asistencia de público visitante se instauró como medida preventiva ante los graves incidentes ocurridos. La Delegación enfatizó la importancia de que tanto la ANFP como los clubes involucrados adopten las medidas necesarias para salvaguardar la seguridad de los asistentes y contribuir así a un ambiente adecuado donde el deporte sea el protagonista y no las alteraciones provocadas por el comportamiento de aficionados irresponsables.
Con esto, las autoridades están dando un paso firme para erradicar el uso de elementos peligrosos en el fútbol chileno y fortaleciendo la respuesta ante eventualidades en el futuro. El comunicado emitido también insistió en la promoción de valores positivos en el deporte, resaltando que los partidos deben unificar a la familia y no ser escenario de confrontaciones. De no cumplirse con estas disposiciones, se advirtió que se pondría en riesgo la asistencia de público a futuros encuentros.




