La problemática de la caída en la natalidad en Chile se ha vuelto un tema de creciente interés, especialmente al revisar cómo la realidad actual difiere drásticamente de las familias numerosas representadas en el cine de las décadas de 1990 y 2000. En películas como _Mi pobre angelito_ y _Más barato por docena_, se representaban hogares con múltiples hijos sin la preocupación económica transformadora que se enfrenta hoy en día. Actualmente, la tasa de fecundidad en Chile ha caído a un alarmante promedio de 0,99 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo generacional de 2,1. Esta marcada disminución de la natalidad plantea interrogantes sobre los factores que han conducido a esta realidad, así como las posibles consecuencias para el futuro del país y sus políticas sociales.
Las razones detrás de la caída en la natalidad son multifacéticos, pero dos estudios recientes han puesto de relieve el impacto financiero que implica la crianza de un hijo en Chile. De acuerdo con la Canasta de Crianza de UNICEF y el Ministerio de la Mujer, se estima que el costo promedio mensual para criar a un niño hasta los 18 años es de $594.882, incluyendo tanto gastos directos como el tiempo dedicado al cuidado, que se traduce en un trabajo no remunerado significativo. Para los primeros años de vida, el costo se eleva a $735.057 mensuales, una cifra que refleja no solo la carga financiera, sino también el sacrificio en tiempo que implica para las familias.
A esta carga financiera se suma la repercusión que la maternidad tiene en la trayectoria laboral de las mujeres. Las académicas Pilar Wiegand y Sarahí Rueda han señalado que el costo de oportunidad, es decir, los ingresos que las madres dejan de percibir al asumir el cuidado de sus hijos, es significativo. Esta pérdida se traduce en un descenso del 22% en la participación laboral y del 28% en los ingresos de las madres en el periodo postnatal. Esto demuestra que, más allá de los gastos directos de crianza, las mujeres enfrentan el dilema de equilibrar sus aspiraciones profesionales con las demandas del cuidado infantil.
Asimismo, el retraso en la maternidad se ha convertido en una tendencia generalizada, con la edad media de las madres en Chile aumentando de 27 a 30 años entre 1993 y 2025. Este cambio no solo implica menos tiempo para la procreación, sino que también está relacionado con la búsqueda de mayor estabilidad laboral y personal. Las instancias de fertilidad disminuyen con la edad, lo que potencialmente limita el número de hijos que una mujer puede tener, exacerbando aún más la baja natalidad en el país. Este fenómeno ha puesto de manifiesto la necesidad de políticas efectivas que aborden las barreras laborales y sociales que enfrentan las mujeres en su decisión de formar una familia.
Las proyecciones futuras revelan que, de no solucionar esta tendencia, Chile podría enfrentarse a un envejecimiento acelerado de su población, lo que podría aumentar las presiones sobre el sistema de pensiones y la seguridad social. Sin embargo, a pesar de la complejidad del problema, hay expertos que consideran que es posible revertir la situación parcialmente. Incrementar el acceso a cuidados infantiles asequibles y diseñar políticas de permisos parentales que involucren tanto a madres como a padres podrían ser pasos importantes para cerrar la brecha entre la cantidad de hijos que las familias desean tener y lo que realmente terminan teniendo. Sin duda, se requiere un enfoque integral que considere la corresponsabilidad social y la colaboración entre familia, empresas y estado para afrontar esta crisis demográfica.




