Empatía Animal: ¿Cómo Entenderla Sin Mitos Populares?

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Durante más de una década, un estudio de 2011 ha sido el centro de un ferviente debate sobre la empatía animal. Investigadores publicaron en la prestigiosa revista Science que las ratas son capaces de liberar a compañeras atrapadas sin recibir ninguna recompensa a cambio, lo que muchos interpretaron como una prueba de su capacidad para sentir compasión, comparable a la humana. Sin embargo, un nuevo trabajo liderado por Albert Newen y sus colegas propone una revisión crítica de esos hallazgos. Publicado en Biological Reviews, este estudio evalúa no solo el experimento inicial, sino también numerosos trabajos posteriores, proponiendo un modelo de cinco componentes que permite medir la empatía en distintas especies de manera más objetiva y matizada.

Los investigadores alemanes plantean que la preguntas sobre si un animal «tiene empatía» son mal formuladas, dado que la empatía humana es un fenómeno complejo que combina diferentes elementos, incluyendo la capacidad de contagio emocional, la comprensión de situaciones ajenas y la disposición hacia el bienestar del otro. En este contexto, las ratas podrían ser vistas como poseedoras de lo que se denomina empatía «de baja resolución». Esto indica que, aunque responden al malestar de compañeras conocidas, no necesariamente comprenden sus estados mentales de manera profunda, actuando más bien de forma intuitiva ante la angustia que observan.

El nuevo modelo propuesto por Newen y su equipo destaca cinco dimensiones que permiten evaluar la empatía de manera gradual y comparable entre especies: registro emocional, entendimiento de situaciones, atribución de estados mentales, flexibilidad conductual y orientación al bienestar ajeno. Este enfoque sustituye a la tradicional dicotomía de sí/no en la empatía, permitiendo una gama más rica de perfiles de comportamiento. Por ejemplo, a pesar de que los chimpancés muestran mayor complejidad en la comprensión emocional, las ratas demuestran capacidades importantísimas en la respuesta a situaciones sociales, aunque limitadas en la comprensión cognitiva.

El experimento de 2011, aunque impactante, es revisado en este nuevo contexto como un simple indicador dentro de un marco más amplio. A pesar de las apariencias de compasión, los investigadores advierten que podría haber motivaciones más simples detrás de la conducta de las ratas, como un mero vínculo asociativo. La nueva investigación no desacredita la existencia de emociones en los animales, sino que cuestiona la complejidad de la empatía que se les atribuye, resaltando la necesidad de entender qué significa realmente «sentir» en el mundo animal y cómo se compara con la experiencia humana.

Finalmente, esta revisión proporciona un nuevo paradigma para investigar la cognición animal, permitiendo comparaciones significativas entre especies a partir de un estándar común. Al clasificar los comportamientos observables según cinco componentes, estudios futuros podrán evaluar de manera más exhaustiva y precisa a un rango más amplio de especies, desde cetáceos hasta pulpos. El enfoque invita a reflexionar sobre cómo la empatía se manifiesta a través del reino animal, iluminando habilidades cognitivas en cada especie de una manera que es tanto matizada como reveladora.

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