En los márgenes de la vida, en esos instantes críticos donde el cuerpo parece desvanecerse y el cerebro se enfrenta a su máximo límite, se manifiestan fenómenos fascinantes conocidos como experiencias cercanas a la muerte (ECM). Estas vivencias, que han capturado la atención de la comunidad científica y del público en general, suelen estar llenas de simbolismo y emociones vívidas. Imágenes de túneles de luz, la percepción de seres ya fallecidos, y un profundo sentimiento de paz son elementos comunes que firman estos relatos extraordinarios. Sin embargo, ¿qué explicación científica puede ofrecerse a estos fenómenos que parecen desafiar nuestra comprensión de la muerte y la conciencia? Recientemente, un equipo de investigación en la Universidad de Lieja, encabezado por la neurocientífica Charlotte Martial, ha propuesto un modelo neurocientífico titulado NEPTUNE, un esfuerzo integrador que busca aclarar lo que realmente sucede en el cerebro durante estos episodios límite.
Contra la creencia popular de que el cerebro se apaga en momentos de inminente muerte, este nuevo enfoque revela que, en realidad, puede entrar en un estado de hiperactividad. En momentos de crisis, como durante una parada cardiaca, el cerebro experimenta una serie de cambios bioquímicos que provocan una avalancha de neurotransmisores. Esta combinación —que incluye sustancias como serotonina, dopamina y endorfinas— activa circuitos neuronales específicos, generando visiones y emociones que pueden explicar muchos de los relatos de ECM. Por ejemplo, niveles elevados de serotonina en condiciones de hipoxia han sido vinculados a experiencias visuales extraordinarias, similares a las inducidas por sustancias psicodélicas. Así, el fenómeno del




