El presidente de EE.UU., **Donald Trump**, ha dado luz verde a la ejecución de **Nidal Malik Hasan**, un exmayor del Ejército culpable del trágico ataque en Fort Hood que resultó en la muerte de 13 personas en 2009. La decisión fue anunciada por el Pentágono, luego de que el secretario de Defensa, **Pete Hegseth**, recomendara al mandatario llevar a cabo la sentencia de muerte y aseguró que se haría justicia. Instalaciones militares han estado bajo escrutinio debido a la severidad de la pena, y este caso ha reavivado el debate sobre la aplicación de la pena de muerte en las Fuerzas Armadas de EE.UU.
Hasan, que en el momento de su ataque tenía el rango de mayor y trabajaba como psiquiatra militar, abrió fuego en un centro de procesamiento de personal en Fort Hood, hiriendo a 32 personas y causando la muerte a otras 13. A lo largo del juicio militar en 2013, se declaró culpable y defendió sus acciones argumentando que intentaba proteger a los miembros del Talibán. Este insólito alegato resultó en una condena por **13 cargos de asesinato premeditado**, culminando en la pena capital dictada por el tribunal militar.
La pena de muerte se ha convertido en un tema controversial, y la ejecución de Hasan sería la primera llevada a cabo por las Fuerzas Armadas de EE.UU. desde 1961, cuando se ejecutó a **John Bennett**, un soldado condenado por violación e intento de asesinato. Mientras que la mayoría de los estados han optado por la inyección letal como método preferido para las ejecuciones civiles, el uso de un pelotón de fusilamiento en el caso de Hasan marca un regreso a procedimientos más antiguos y menos comunes en las ejecuciones militares.
El cumplimiento de la pena de muerte requiere del visto bueno presidencial, un requisito que ha sido cumplido con la reciente aprobación de Trump, especialmente después de que la Corte Suprema desestimara un intento de Hasan por apelar su condena en marzo de 2025. Hegseth ha insistido en que las familias de las víctimas merecen justicia, declarando estar completamente comprometido con la ejecución de esta sentencia. Hasta ahora, la fecha y el lugar de la ejecución permanecen sin anunciar.
Mientras tanto, Hasan permanece en el corredor de la muerte de la prisión de Fort Leavenworth, formada por un clima de tensiones y emociones fuertes. En este momento histórico para el sistema de justicia militar, el caso de Hasan pone de relieve no sólo la gravedad de su crimen, sino también las divisiones sobre la legalidad y ética de la ejecución como forma de justicia en Estados Unidos. Con sólo tres condenados a muerte bajo el sistema militar, la atención del país se centrará inevitablemente en el desenlace de este procedimiento excepcional.




