Un estudio del Departamento de Ingeniería de Minas de la Universidad de Chile ha hecho un aporte significativo al analizar el impacto del cambio climático en la producción de cobre en el país. En su investigación, publicada en la revista International Journal of Mining, Reclamation and Environment, los académicos han cuantificado, por primera vez, las pérdidas que podrían ocasionar fenómenos como sequías y precipitaciones extremas. Este trabajo se enmarca en la creciente preocupación por cómo el cambio climático podría comprometer la continuidad de la extracción de cobre, un recurso vital para la economía chilena y global, especialmente en industrias como la electricidad y las telecomunicaciones.
El estudio, liderado por la geóloga Paulina Fernández, revela que las pérdidas anuales por precipitaciones extremas podrían oscilar entre 91,000 y 334,000 toneladas de cobre, representando aproximadamente un 1.39% a 5.08% de la producción nacional. En el caso de sequías, estas pérdidas se estiman entre 172,000 y 705,000 toneladas, lo que equivale a un impacto significativo en la producción. Si se traducen a cifras económicas, las proyecciones indican que los efectos de estos fenómenos climáticos podrían costarle al país entre 1,600 millones y 9,700 millones de dólares, poniendo de manifiesto el riesgo considerable que enfrenta la industria minera chilena.
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que la vulnerabilidad de cada mina depende de factores como la geografía, la disponibilidad hídrica y las condiciones operativas. Esto significa que no se puede aplicar un enfoque único para mitigar el riesgo climático. Fernández destaca la necesidad de desarrollar estrategias de adaptación específicas para cada instalación, enfatizando que el impacto de eventos climáticos extremos varía según la ubicación geográfica de las faenas.
El estudio también propone un nuevo marco para estimar la disrupción esperada en la producción por mina, permitiendo así ajustes continuos a medida que cambien las proyecciones climáticas y de producción. Esta innovación es crucial, ya que permite a las empresas mineras anticiparse a las amenazas y no solo reaccionar ante emergencias. Dr. Orellana, uno de los co-autores, ve esto como un paso importante hacia la integración de información climática en la planificación y operación minera.
Finalmente, el estudio concluye que es imperativo para la industria minera avanzar hacia modelos más proactivos que incorporen el riesgo climático en su estrategia. Las medidas de adaptación deben ser anticipatorias, como mejorar la eficiencia en el uso de agua y reforzar la infraestructura crítica. En un entorno donde los eventos climáticos extremos son cada vez más frecuentes, Orellana advierte que asegurar el suministro de cobre para el futuro requiere de una planificación cuidadosa que contemple los riesgos del cambio climático.




