La movilización estudiantil en Santiago, bajo la consigna «Ni un peso menos para la educación», ha cobrado fuerza este jueves con la participación de miles de estudiantes de diversas universidades, así como de gremios de trabajadores, quienes se unieron a la marcha convocada por la **Confederación de Estudiantes de Chile** (Confech). Desde las primeras horas de la mañana, los manifestantes comenzaron a congregarse en la Alameda, frente al Palacio de La Moneda, exigiendo un aumento en la inversión pública en educación y rechazando los posibles recortes que se plantean en el Presupuesto 2027. Esta marcha no solo refleja las preocupaciones del estudiantado, sino también las de los trabajadores de la educación que ven comprometido el futuro de la enseñanza pública en el país.
A medida que la manifestación avanzaba por la Alameda, se reportaron incidentes que comenzaron casi de inmediato. Ante los primeros brotes de violencia y enfrentamientos entre algunos grupos de manifestantes, Carabineros tuvo que intervenir con carros lanzaagua y gases lacrimógenos. Este despliegue de seguridad buscaba controlar la situación y evitar que los incidentes se exacerbaran. Las autoridades habían otorgado el permiso para la marcha, pero la tensión evidente en algunas zonas recuerda las protestas pasadas que, a menudo, derivaron en enfrentamientos entre carabineros y manifestantes.
La situación en la capital se complicó con el cierre temporal de la estación Universidad Católica de Metro y el cierre de varias calles aledañas por la acumulación de manifestantes en distintas intersecciones. A través de sus redes sociales, el Metro de Santiago y el Transporte Informa alertaron a los ciudadanos sobre los desvíos y cortes de tránsito provocados por la marcha. Las recomendaciones a los automovilistas fueron claras: optar por rutas alternas para evitar el congestionamiento en el centro de la ciudad, especialmente en horas de alta circulación.
Se observó una diversidad de participantes en la marcha, no solo estudiantes, sino también profesores, trabajadores y ciudadanos solidarios que exigen una educación de calidad para todos. Lo que comenzó como un llamado de los estudiantes se ha transformado en un amplio movimiento social que involucra diversas organizaciones y colectivos que luchan por el derecho a una educación digna en Chile. Este apoyo intergremial es una clara señal del descontento social que se vive en torno a las políticas públicas que afectan a la educación en el país.
Los incidentes y la respuesta de Carabineros no solo reflejan la situación actual del descontento social, sino que también resaltan la urgencia de un diálogo efectivo entre el gobierno y los distintos actores involucrados en la educación. Mientras se desarrollaba la manifestación, voces de líderes estudiantiles llamaban a la unidad y a la paz, pidiendo que las demandas fueran atendidas sin violencia. La marcha sigue siendo un espacio de expresión popular donde el futuro de la educación en Chile se sitúa en el centro del debate público, mientras esperan que sus voces sean escuchadas por las autoridades.




