La maratónica sesión del Senado concluyó con la aprobación de la megarreforma de rebaja de impuestos, un núcleo central del proyecto del presidente José Antonio Kast. A pesar de los desafíos y la prolongación de las votaciones, el gobierno logró obtener los votos necesarios para validar una serie de reformas tributarias que tocaron aspectos vitales de la economía chilena. En medio de un ambiente de expectación, la jornada se extendió desde la tarde y estuvo marcada por la controversia entre los senadores, especialmente en lo que respecta a la reducción del impuesto corporativo de un 27% a un 23% y la reintegración, que ha generado un debate encendido sobre sus posibles implicancias para la economía nacional.
Uno de los momentos más tensos de la sesión fue cuando la senadora Yasna Provoste, jefa del Comité Unido, levantó preocupaciones sobre problemas técnicos que retrasaron el inicio de las votaciones. A pesar de estos tropiezos iniciales, la aprobación de medidas relacionadas con la reconstrucción tras los incendios en Valparaíso y Biobío permitió que el Senado avanzara en la agenda, evidenciando una separación entre los artículos más polémicos y aquellos de consenso. Esta dinámica llevó a que, aunque algunos artículos se aprobaran por unanimidad, las modificaciones tributarias se votaran de manera reñida, con un resultado que reflejaba las profundas divisiones entre los partidos.
En una de las votaciones más polémicas, el artículo 8°, que proponía reducir el impuesto a las empresas, fue aprobado con un ajustado margen de 26 votos a favor y 24 en contra. El senador Daniel Núñez lo calificó como una política «obscena», a lo que el senador Rodolfo Carter respondió defendiendo la medida como una vía para fomentar el crecimiento económico y disminuir la pobreza. Este contraste demuestra la dicotomía de intereses que enfrentan los legisladores: el intento de estimular el crecimiento económico frente a la necesidad de mantener una carga tributaria justa para los menos favorecidos.
Mientras se desarrollaban las votaciones, la sesión del Senado se convirtió en un escenario de larga duración, en el que cada senador tenía la oportunidad de exponer sus argumentos por hasta diez minutos. Esta dinámica, junto a la considerable cantidad de artículos a votar, anticipaba horas de deliberaciones, las cuales se tornaron más intensas conforme se fueron abordando los temas más debatidos. A pesar de los esfuerzos por llegar a un consenso, la aprobación de la megarreforma continuó encontrando obstáculos, particularmente en lo que respecta a las compensaciones municipales por la exención de contribuciones a mayores de 65 años, reflejando la compleja interacción entre diferentes sectores políticos.
La discusión sobre la megarreforma no solo permaneció en el ámbito legislativo, sino que también fue objeto de críticas desde las redes sociales y otros espacios públicos. El expresidente Gabriel Boric, junto a varios exministros de su gobierno, alzaron sus voces contra el proyecto, señalando que las reformas favorecerían a las grandes empresas en detrimento de los trabajadores de menores ingresos. La intervención de Boric, que en reiteradas ocasiones ha señalado la importancia de considerar las condiciones de vida de los más vulnerables, ejemplifica cómo las discusiones de política pública penetran en la conciencia colectiva del país y cómo estas decisiones generar implicaciones que van más allá de la economía inmediata.




