Un equipo internacional de investigadores ha desafiado la percepción de estabilidad de la península ibérica al revelar que esta se encuentra en rotación lenta en el sentido de las agujas del reloj. Publicado en la revista Gondwana Research por el geólogo Asier Madarieta-Txurruka y su equipo, este estudio incorpora innovadoras técnicas de observación mediante satélites y datos sismológicos. A pesar de que la península parece ser un bloque inmóvil dentro del mapa europeo, el análisis reciente sugiere que el suelo se está deformando bajo nuestros pies, ofreciendo una nueva comprensión sobre la actividad sísmica en la región y planteando preguntas sobre la tectónica en la convergencia de las placas de Eurasia y África.
La interacción entre las placas de Eurasia y África es más compleja de lo que se podría pensar a simple vista. A diferencia del claro límite en el Atlántico, la frontera en el sur de la península ibérica se difumina, particularmente en el área del arco de Gibraltar, que conecta las cordilleras Béticas y Rif. Este arco, según el estudio, juega un papel crítico en la distribución de la deformación tectónica. Mientras que al este, el arco absorbe parte de la presión generada por la colisión, al oeste, la península enfrenta una mayor acumulación de tensión, responsable de su rotación parcial. Para detallar este fenómeno, los investigadores identificaron cuatro sectores geodinámicos que muestran diferencias significativas en la respuesta a la presión tectónica.
Los científicos utilizaron más de 2.000 datos de mecanismos focales de terremotos y 650 estaciones GNSS para analizar la región durante un periodo de 25 años. Este enfoque permitirá un seguimiento preciso de las deformaciones milimétricas a lo largo del tiempo. Se ha identificado que el sudoeste de la península, especialmente áreas alrededor de Lisboa, muestra altos niveles de rotación y compresión, coincidiendo con la historia sísmica de la región, particularmente con el devastador terremoto de Lisboa de 1755. Los nuevos modelos geodésicos indican también que existe una acumulación de tensiones que podrían liberarse en futuros sismos, brindando una herramienta útil para identificar lugares con potencial de movimiento sísmico no mapeado.
El movimiento de la península, aunque casi imperceptible al ojo humano, puede tener repercusiones significativas a largo plazo. La rotación se estima entre 0,1 y 0,2 grados cada millón de años, lo que parece un pequeño número, pero que en términos geológicos se traduce en poderosas formaciones de cordilleras y cuencas. Esta rotación, desigual en su impacto, genera mayor actividad en el sur y suroeste, mientras que el norte, particularmente áreas como los Pirineos, muestra una estabilidad relativa. Esta variabilidad está estrechamente relacionada con la complejidad de las estructuras del subsuelo y el ángulo de colisión de las placas.
Finalmente, el estudio plantea implicaciones concretas en el riesgo sísmico para la península. Zonas del suroeste de Iberia, especialmente alrededor del golfo de Cádiz, muestran niveles altos de acortamiento tectónico, sugiriendo una acumulación de tensiones recientes. Asimismo, se han identificado patrones de rotación y deformación activos en Lisboa, concordando con su historial de actividad sísmica. Este nuevo conocimiento no solo es vital para la comunidad científica, sino que también tiene aplicaciones prácticas en la mitigación del riesgo sísmico, permitiendo priorizar áreas para futuras investigaciones y mejorar la infraestructura ante posibles eventos sísmicos.




