Durante décadas, el tigre de Tasmania (Thylacinus cynocephalus) ha sido un fascinante ejemplo de evolución convergente, presentando características físicas que evocan a los cánidos, a pesar de pertenecer a un linaje completamente diferente de marsupiales. Un nuevo estudio dirigido por la investigadora Vera Weisbecker de la Universidad Flinders, publicado en Nature Communications, ha proporcionado un análisis minucioso de la anatomía craneal del tilacino. A través de comparaciones con más de sesenta mamíferos carnívoros, los resultados revelan que, aunque el tigre de Tasmania tenía un aspecto que recordaba al de un perro, en realidad poseía adaptaciones únicas para la caza que lo diferencian notablemente de los depredadores actuales como los lobos o los zorros.
Una de las claves del estudio reside en el sorprendente tamaño del cráneo del tilacino, que era excepcionalmente grande en comparación con su masa corporal de aproximadamente 17 kilogramos. Investigaciones anteriores habían sugerido que el cráneo del tigre de Tasmania podía ser similar al del lobo gris o el puma, pero los hallazgos recientes ponen de relieve que el tilacino no se puede encasillar fácilmente en los modelos de depredadores conocidos. En el análisis se establece que la mezcla de características robustas y esbeltas en el cráneo del tilacino no solo apunta a un cazador eficiente, sino que también complica la idea de que fuese simplemente un ‘lobo marsupial’.
El hocico alargado del tilacino sugiere una técnica de caza adaptada para mordiscos rápidos y precisos, lo cual es especialmente revelador. A diferencia de los cánidos que poseen mandíbulas más cortas y robustas para capturar presas resistentes, el diseño del hocico del tilacino apuntaría a una estrategia de caza enfocada en el impacto, complementada por su grandeza craneal que le permitía soportar las fuerzas generadas durante el ataque. Esto podría indicar que el tigre de Tasmania capturaba principalmente animales más pequeños y ágiles, utilizando sus caninos para asestar mordiscos certeros.
Además, el estudio también destaca la peculiaridad de un foramen infraorbitario excepcionalmente grande en el cráneo del tilacino. Esta abertura, que permite el paso de nervios, podríahaber proporcionado una sensibilidad incrementada en zonas específicas del hocico, pero los investigadores son cautelosos sobre su función exacta. En otros mamíferos, una sensibilidad marcada podría permitirles colocar sus dientes con mayor precisión durante un ataque. Sin embargo, sigue siendo una hipótesis en el caso del tilacino, lo que resalta la falta de ejemplos comparativos directos en el mundo actual.
La desaparición del tigre de Tasmania en 1936 no solo marcó la extinción de una especie, sino que concluyó un linaje de marsupiales carnívoros que había perdurado por más de 30 millones de años. El análisis sugiere que el tilacino no solo se asemejaba a otros depredadores en su estructura craneal, sino que sus técnicas de caza pueden haberse desarrollado de maneras distintas a las de sus homólogos caninos. Este hallazgo fascinante sobre la evolución y la extinción del tilacino nos invita a reflexionar sobre la diversidad de estrategias adaptativas en la naturaleza, muchas de las cuales se han perdido para siempre con la desaparición de especies como el tigre de Tasmania.




