El alcalde de Santiago, Mario Desbordes, ha tomado una relevante medida legal al presentar una querella contra la exalcaldesa, Irací Hassler, y la presidenta de la Cámara de Diputados, Karol Cariola, bajo el cargo de tráfico de influencias. La acción fue interpuesta por el abogado José Ignacio Pinochet Olave, quien argumenta que las acciones de las denunciadas podrían haber vulnerado la probidad pública y la transparencia en la gestión municipal, aspectos fundamentales en la administración pública. Esta noticia ha captado la atención de los medios y de la opinión pública, destacando la seriedad de las acusaciones en un contexto donde la transparencia es crucial para la confianza ciudadana en sus autoridades.
La querella fue acogida por el Séptimo Juzgado de Garantía de Santiago, lo que permite que el proceso judicial progrese. En el documento presentado, se adjuntan conversaciones entre Hassler y Cariola, militantes del Partido Comunista (PC), que presuntamente implican a un empresario chino, Emilio Yang, en transacciones que podrían estar relacionadas con actividades ilegales. Según el contenido de estas comunicaciones, se menciona el pago de la patente de alcohol de uno de los locales asociados a Yang en el popular barrio Meiggs de la capital, lo que refuerza las sospechas de tráfico de influencias.
La denuncia especifica que, al parecer, existía una relación de poder e influencia entre las denunciadas que habría facilitado la obtención de favores administrativos a favor de ciertos empresarios, poniendo en tela de juicio la ética y la integridad de las funciones públicas que desempeñan. Este tipo de actos, si se comprueban, podrían tener graves consecuencias para la gobernanza en la ciudad, así como una repercusión negativa en la percepción de los ciudadanos sobre la democracia y la equidad en el acceso a los recursos del Estado.
El hecho de que la querella se base en comunicaciones reveladas entre las dos políticas genera un mayor interés sobre cómo se maneja el poder en el municipio de Santiago. La acción judicial también invita a la reflexión sobre hasta qué punto las conexiones políticas pueden influir en las decisiones administrativas, abriendo un debate sobre la necesidad de regular aún más las actividades de los funcionarios públicos y sus interacciones con el sector privado para evitar cualquier tipo de abuso de poder.
Finalmente, la querella presentada no solo busca justicia para los presuntos actos ilícitos, sino que también pretende establecer una clara línea entre la legalidad y la ilegalidad en la gestión pública. Se espera que, a medida que la causa avance, se determinen las responsabilidades penales correspondientes y se restablezcan los principios de transparencia y probidad en la administración municipal, factores esenciales para recuperar la confianza de la ciudadanía en sus representantes.




