Teherán y Moscú han expresado su grave preocupación tras un ataque a la central nuclear iraní de Bushehr, el cual fue registrado en la noche del martes. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) confirmó haber recibido notificación de Irán sobre el impacto de un proyectil en dicha instalación, que se encuentra en la costa sur del país. A pesar del incidente, se ha confirmado que no hubo daños significativos en las infraestructuras de la planta, ni se reportaron lesiones entre los trabajadores presentes en el lugar durante el ataque.
El director general del OIEA, Rafael Grossi, hizo un llamado a la moderación ante la creciente tensión en Oriente Medio, enfatizando la necesidad de evitar un accidente nuclear que pudiera exacerbar la situación ya volátil en la región. Este ataque se suma al contexto de hostilidades abiertas entre Estados Unidos, Israel e Irán, donde las operaciones militares han dejado un saldo alarmante de víctimas, lo que señala un riesgo considerable de escalada en el uso de armamento. Grossi subrayó la importancia de la seguridad en las instalaciones nucleares, especialmente en tiempos de conflicto.
Desde Rusia, el director general de Rosatom, Alexei Lijachev, corroboró la información sobre el ataque y aseguró que hasta el momento no se ha registrado ningún herido entre el personal ruso que trabaja en la central nuclear de Bushehr. Sin embargo, a pesar de la ausencia de víctimas, Lijachev informó que se están llevando a cabo preparativos para evacuar a aproximadamente 480 ciudadanos rusos que permanecen en el recinto, en respuesta a la creciente amenaza que ha supuesto la escalada militar en la zona.
Este último episodio pone de relieve la vulnerabilidad de las instalaciones nucleares en el contexto de un conflicto prolongado y la complejidad de la situación geopolítica en Oriente Medio. La central de Bushehr, que opera en colaboración con Rusia, ha sido objeto de preocupación desde el inicio de las hostilidades, donde Lijachev ha instado a las partes involucradas a garantizar la protección de estas infraestructuras críticas. La comunidad internacional mantiene una atención activa sobre el conflicto, dada la implicación que tiene para la seguridad global.
La situación actual en la región ha llevado a diversas organizaciones de derechos humanos a reportar cifras alarmantes de víctimas. La ONG Human Rights Activists in Iran ha indicado que alrededor de 3.000 personas han muerto a consecuencia de los ataques militares, mientras que las autoridades iraníes contabilizan 1.200 fallecimientos. Este desajuste en las cifras demuestra la necesidad de una respuesta coordinada y urgente de la comunidad internacional, no solo para contener el conflicto, sino también para asegurar la protección de las instalaciones nucleares que son cruciales para la soberanía energética de Irán.




