El nuevo ministro de Exteriores de Perú, Carlos Pareja Ríos, asumió su cargo en una ceremonia formal que tuvo lugar en el Palacio de Gobierno, presidida por el mandatario José María Balcázar. Este nombramiento se realizó en un contexto de tensión política tras la renuncia de Hugo de Zela Martínez, quien decidió dimitir por desacuerdos relacionados con la decisión del presidente de frenar la compra de aviones de combate F-16. La controversia en torno a este acuerdo ha sido uno de los puntos más críticos de la nueva administración, desatando protestas y críticas en el Congreso.
Durante la ceremonia, también tomó protesta el nuevo ministro de Defensa, Amadeo Javier Flores Carcagno, quien se encontró en una situación similar a la de Pareja Ríos, ya que su predecesor, Carlos Díaz, dejó el puesto en medio del mismo conflicto sobre la adquisición de los aviones. La crisis que rodea este asunto está marcando el inicio del gobierno de Balcázar, quien afronta presiones tanto externas, como las provenientes de la oposición en el Congreso, que no ha dudado en debatir una moción de censura en su contra.
Carlos Pareja Ríos llega a la Cancillería con una amplia experiencia en la diplomacia, habiendo servido como embajador en varias naciones, destacándose en Estados Unidos y Chile, donde ejerció funciones como canciller entre 2009 y 2014. Su trayectoria es un indicativo de la confianza que Balcázar deposita en él para manejar relaciones exteriores en un momento crítico para el país, donde los acuerdos internacionales son fundamentales para la estabilidad del gobierno.
Poco después de asumir el cargo, el nuevo canciller se reunió con el personal diplomático y administrativo, enfatizando la importancia de la cohesión en la política exterior del país. Esta reunión se produce justo horas después de que el primer ministro Luis Enrique Arroyo Sánchez respaldara la compra de los cazas F-16, un movimiento que busca despejar las dudas sobre la postura del gobierno frente a la crítica situación que atraviesa la Fuerza Aérea del Perú y los compromisos adquiridos con la empresa Lockheed Martin.
Finalmente, la ceremonia de juramentación se enmarca en un ambiente de incertidumbre y expectativas, ya que la administración de Balcázar se encuentra en una encrucijada. Los desafíos que enfrentan tanto el nuevo canciller como el ministro de Defensa son múltiples y complejos, y se espera que su desempeño en estas carteras sea decisivo en el futuro político del país y en la gestión de las relaciones internacionales, especialmente con potencias como Estados Unidos, que influyen en la seguridad y defensa nacional.



