Andrés Pérez, economista jefe de Itaú para Latinoamérica, ofrece una perspectiva crítica pero esperanzadora sobre el reciente desempeño del Producto Interno Bruto (PIB) de Chile, que ha generado un intenso debate sobre la posible entrada del país en recesión técnica. Con una caída del 0,2% en el PIB en el segundo trimestre, que se suma a una contracción del 0,3% en el primer trimestre, los datos sugieren que la economía chilena se encuentra en una situación delicada, sin embargo, Pérez considera que la diferencia entre estar en recesión técnica y evitarla es “formalmente” menor, apuntando a que el estancamiento macroeconómico es el verdadero problema a abordar en el corto plazo.
Pérez destaca que, aunque las cifras no indiquen un segundo trimestre de caída sostenida según la definición estricta empleada en Estados Unidos, «las condiciones económicas son, en efecto, muy similares a una recesión técnica». A su juicio, el verdadero centro de la discusión debe centrarse en la capacidad de recuperación de la economía, que ha estado sufriendo un estancamiento prolongado. «La economía habría tocado fondo y la pregunta es qué tan rápido vamos a poder crecer», afirma el economista.
En cuanto a las proyecciones de crecimiento del PIB para 2026, Pérez expresó sus preocupaciones sobre un posible ajuste a la baja, señalando que los indicadores actuales, desde el crédito hasta la creación de empleo, apuntan a un crecimiento limitado en los próximos meses. Aunque el escenario base contempla una gradual aceleración de la actividad económica, con miras a un crecimiento del 3% el próximo año, advierte que muchos de estos pronósticos dependen de la resolución de choques recientes que han afectado el mercado.
Pérez también subraya la necesidad de que el Banco Central mantenga la tasa de política monetaria en 4,5% debido a las presiones inflacionarias, que han reemergido por el aumento de los precios internacionales del petróleo, incluso en un contexto de debilidad económica. Este enfoque tiene el objetivo de equilibrar las fuerzas inflacionarias y el enfriamiento de la actividad. En este sentido, concluye que ante los últimos datos, es probable que se reduzca la expectativa de alzas en la tasa de política monetaria a corto plazo.
A pesar de las desalentadoras cifras a corto plazo, Pérez manifiesta un optimismo cauteloso hacia el futuro de la economía chilena. Destaca que la demanda de minerales críticos y un giro regional hacia políticas pro crecimiento presentan oportunidades importantes para Chile. «Soy realistamente optimista sobre el devenir de la economía chilena», concluye, subrayando que si las economías emergentes logran mejorar su productividad y competitividad, esto podría contribuir significativamente al aumento de la inversión y, a su vez, al crecimiento sostenido.




