Spencer Elden, conocido mundialmente como el «bebé de la portada de Nevermind», ha vivido una vida marcada por la notoriedad desde su más tierna infancia. A los cuatro meses, posó desnudo para la icónica fotografía que, 25 años después, sigue siendo un símbolo de la cultura pop. En una entrevista reciente con La Tercera, Elden reflexiona sobre este fenómeno que él mismo describe como «irreal». El álbum, lanzado el 24 de septiembre de 1991, revolucionó la industria musical y, sin embargo, Elden apenas obtuvo 200 dólares por su participación, en contraste con el éxito monumental del disco, que ha vendido millones de copias a nivel mundial.
Para Spencer, crecer rodeado de la fama que conlleva ser el «Nirvana baby» ha sido un ejercicio de aceptación y reconocimiento, pese a que su única contribución fue ser un bebé en el momento adecuado. Commenta que a lo largo de su vida ha sido difícil lidiar con una celebridad que no eligió, anotando que no fue sino hasta los nueve años que realmente comprendió el impacto de la imagen que lo representa. Hoy, como diseñador gráfico, se enfrenta a una dualidad: ser parte de algo tan grandioso y al mismo tiempo, no beneficiar personal o directamente de ello.
Las interacciones sociales de Elden han sido marcadas por su vínculo con el álbum, a menudo creando situaciones incómodas. Relata que en el ámbito de las relaciones personales, enfrentarse a la pregunta de cómo se siente ser el icónico bebé desnudo puede ser desalentador, semeja un tipo de «estrella porno» involuntaria. Aunque se muestra cómodo al respecto, admite que la exposición de su cuerpo cuando era un infante ha llevado a momentos de vergüenza y curiosidad entre quienes conocen su historia.
Elden comparte anécdotas memorables de su vida bajo el foco público, incluyendo un encuentro inesperado con un fan en la Bienal de Venecia. Sin embargo, ha decidido mantener muchas historias en reserva, señalando que no usa su fama como un recurso para atraer parejas. Explica que, aunque disfruta de ser parte de esta narrativa musical, evita que la imagen de su infancia defina completamente quién es hoy. Su interacción con la cultura del álbum es más de ironía que de orgullo desmedido.
En una reflexión más profunda sobre su vínculo con la imagen de Nevermind, Elden se muestra consciente de que cualquier intento de diversificar su legado podría «ensuciar» la historia que ya tiene. Su respuesta a la pregunta sobre en qué otra portada le gustaría aparecer refleja una sabiduría que va más allá de su juventud, indicando que valora lo que representa a pesar de la incomodidad que puede conllevar. Elden puede haber sido un simple bebé en la piscina, pero su imagen ha dejado una huella imborrable en la industria de la música, convirtiéndolo en un símbolo atemporal del genio creativo de Nirvana.




