Desde hace décadas, se ha tenido conocimiento sobre la capacidad de ciertos hongos para alternar entre dos formas de vida, levadura y micelio, dependiendo de su entorno. Sin embargo, un reciente estudio liderado por un equipo de investigadores de la Universidad de Murcia (UMU), donde destacan Francisco E. Nicolás y Victoriano Garre, ha arrojado luz sobre este fenómeno, revelando que no se trata de un mecanismo aleatorio, sino de una evolución sincronizada de familias de genes. Este estudio, publicado en Nature Communications, identifica por primera vez a los genes dkl y dfl como los reguladores globales de esta transición patógena. Este descubrimiento cambia de manera significativa la forma en que los científicos comprenden las infecciones fúngicas, al proponer una estrategia innovadora para el desarrollo de futuros antifúngicos que busquen desactivar la arquitectura genética del hongo en lugar de atacarlo directamente.
El dimorfismo de los hongos, en particular de Mucor lusitanicus, se revela como un fenómeno fascinante y fundamental en el contexto de las infecciones. Este hongo alterna entre su forma de levadura en el cuerpo humano y como micelio en el ambiente, lo cual le permite invadir los vasos sanguíneos y provocar mucormicosis, una infección letal. Investigaciones en transcriptómica y análisis genómicos han desvelado que esta capacidad de adaptación está optimizada a través de la duplicación de genes, donde los genes «hermanos» se especializan en funciones distintas según el entorno. El estudio sugiere que estructuras genéticas formadas por genes relacionados permiten una regulación coordinada, facilitando que el hongo transite entre las dos formas en respuesta a las condiciones externas.
El enfoque que presentan los investigadores de la UMU en su estudio destaca la importancia de los genes dkl y dfl. Estos genes no son meros participantes pasivos en el proceso de infección, sino que actúan como reguladores que integran señales ambientales para decidir qué forma de vida debe adoptar el hongo. Al perder la función de estos genes, los investigadores han observado una desregulación significativa de la expresión genética, llevando a la completa pérdida de dimorfismo. Esto implica que estos genes son cruciales para la virulencia del hongo y su capacidad para adaptarse al hospedar. Al identificar su función, se abre la puerta para desarrollar tratamiento dirigidos que puedan bloquear esta capacidad adaptable y atacar así la raíz de la infección.
A pesar de ser considerada una enfermedad rara, la mucormicosis ha mostrado un incremento alarmante en la incidencia de casos en los últimos años. Este nuevo entendimiento de la biología de los hongos es esencial, ya que el estudio de la UMU revela que miles de genes han evolucionado de forma convergente en diferentes linajes de hongos patógenos. Esta convergencia señala que estos organismos han adaptado con eficacia su genética para causar enfermedad. Los hallazgos también sugieren que los hongos tienen similitudes genéticas con los humanos más que las bacterias o virus, lo que resalta la complejidad de estos patógenos y subraya la importancia de estrategias terapéuticas que sean específicas y menos tóxicas.
El descubrimiento del equipo de la Universidad de Murcia, aunque prometedor, conlleva la necesidad de un enfoque cauteloso. Este avance en el ámbito de la ciencia básica demuestra la relevancia de entender la arquitectura genética de los hongos, aunque aún se necesita un trabajo extensivo para validar fármacos que inhiban específicamente los genes dkl y dfl. Sin embargo, abrir nuevas posibilidades de tratamiento que atajen el dimorfismo desde su base genética podría llevar a desarrollos de antifúngicos más efectivos y menos dañinos para los pacientes. La investigación subraya que la clave para combatir a los patógenos más resistentes está en desentrañar la evolución de su genoma, lo que podría transformar la forma en que se abordan las infecciones fúngicas en el futuro.




