Óscar Landerretche, decano de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, ha puesto de manifiesto un grave problema que enfrenta el país: no es la escasez de profesionales lo que limita el desarrollo de Chile, sino la falta de capacidades que estos profesionales deben poseer. Durante su intervención en el encuentro anual de Acción Empresas, Landerretche destacó que, a pesar de los avances en la formación académica, Chile aún no ha logrado traducir esta educación en productividad ni en un crecimiento significativo del conocimiento propio. Para él, es esencial que el enfoque educativo se mueva de una mera contabilización de títulos hacia la evaluación de competencias y la efectividad del aprendizaje.
El economista expresó preocupación por la productividad estancada del país, indicando que, a pesar de contar con una fuerza laboral más educada que en décadas pasadas, la productividad no ha evolucionado. Landerretche propuso tres hipótesis para explicar este fenómeno: la formación de calidad insuficiente de los profesionales, la enseñanza de competencias irrelevantes o la falta de espacios en la economía donde aplicar ese conocimiento. Estas hipótesis, según él, no son excluyentes y pueden estar actuando en conjunto, lo que exige una reflexión profunda sobre el sistema educativo chileno.
Una de las principales críticas de Landerretche se centra en el enfoque que da la educación superior a la obtención de credenciales. «El stock de capacidades de un país no es igual a su número de cartones», afirmó, sugiriendo que la búsqueda de títulos puede eclipsar el verdadero aprendizaje. Además, enfatizó la baja inversión en investigación y desarrollo, que se sitúa alrededor del 0,4% del PIB en comparación con el 2,7% que es promedio en la OCDE. Esta discrepancia revela una falta de apoyo financiero que limita la capacidad del país para avanzar en áreas clave de innovación y desarrollo.
Landerretche también abordó la débil conexión existente entre universidades y empresas, señalando que en Chile el 35% a 40% de la investigación y desarrollo es ejecutada por las empresas, una cifra que contrasta con lo que ocurre en economías más avanzadas. Para remediar esto, propuso fomentar colaboraciones más efectivas y sostenidas en el tiempo, destacando que los acuerdos de cooperación disponibles son demasiados generales y, por ende, poco eficaces para resolver problemas específicos que podrían generar capacidades acumuladas.
Como respuesta a estos desafíos, Óscar Landerretche lanzó la propuesta de crear 20 campus científico-empresariales que conecten universidades con un alto rendimiento en investigación y diferentes sectores productivos del país. Estos campus serían fundamentales para desarrollar ecosistemas donde se puedan compartir recursos, conocimientos e innovaciones de manera efectiva y continua. Landerretche cree que, al elevar la inversión en investigación y desarrollo al 1% del PIB, se fortalecería la capacidad de Chile para innovar, aprovechando así la ventaja privada de las universidades de pensar a largo plazo junto con la capacidad empresarial de implementar soluciones prácticas.




