Durante décadas, la imagen más difundida sobre la extinción de los dinosaurios ha sido aquella de un planeta cubierto por una nube de polvo que bloqueó la luz solar durante años, provocando un desplome en las temperaturas y un colapso en los ecosistemas. Sin embargo, un novedoso estudio publicado en el Journal of Geophysical Research: Biogeosciences sugiere que, antes de esta prolongada oscuridad, se produjo un fenómeno aún más inmediato y devastador: una intensa ola de calor global. De acuerdo con la investigación, el impacto del asteroide de Chicxulub, que dio fin al dominio de los dinosaurios, habría causado un calentamiento extremo en cuestión de minutos, alterando drásticamente las condiciones de vida en el planeta.
La investigación sostiene que este pulso térmico fue exacerbado por grandes cantidades de polvo fino en la atmósfera, convirtiendo la superficie terrestre en una zona casi inhabitable para la mayoría de las especies que no lograron refugiarse a tiempo. Aunque este escenario no reemplaza la teoría del invierno de impacto, lo amplía al sugerir que ambos procesos se sucedieron de manera consecutiva: primero un episodio de calor extremo, seguido de un largo periodo de oscuridad y enfriamiento global. La respuesta a la pregunta sobre qué terminó con el 75 % de las especies hace 66 millones de años podría estar más ligada a las primeras horas tras el impacto de lo que se había anticipado.
El estudio enfatiza que el polvo fino, generado por la colisión del asteroide con la península de Yucatán, podría haber sido la clave para entender la extinción masiva. El impacto liberó una cantidad colosal de energía, vaporizando millones de toneladas de roca. Este material no se comportó uniformemente; parte se condensó en esférulas de roca fundida que descendieron rápidamente, mientras que otra parte se transformó en diminutas partículas de polvo. El análisis realizado por los investigadores también destaca que el polvo actuó como una manta térmica, atrapando el calor y evitando que se disipara hacia el espacio, multiplicando así la temperatura en la superficie terrestre.
Los hallazgos geológicos respaldan el modelo presentado por los autores, quienes combinaron simulaciones físicas con datos obtenidos de yacimientos bien preservados en el límite entre el Cretácico y el Paleógeno. Uno de los yacimientos más significativos es el de Tanis, donde se han hallado restos de peces que murieron el mismo día del impacto, con esférulas atrapadas en sus branquias. Este hallazgo indica que el polvo extremadamente fino, rico en elementos del impacto, se distribuyó globalmente y permaneció suspendido en la atmósfera durante un tiempo prolongado, contribuyendo tanto al calentamiento inicial como al posterior enfriamiento.
Los nuevos descubrimientos sugieren que la mayoría de las especies terrestres perecieron en las horas inmediatas al impacto, mucho antes de que comenzara la fase de invierno global. La capacidad de los animales para encontrar refugio fue fundamental para la supervivencia, destacando que no se trataba solo del tamaño, sino de la habilidad para esconderse. Este estudio reaviva un debate científico sobre las causas de la extinción del final del Cretácico, al proponer que el calentamiento extremo y el posterior enfriamiento climático no son eventos aislados, sino parte de un proceso secuencial de catástrofes. Los investigadores sugieren que, para los vertebrados terrestres, el impacto de Chicxulub fue suficiente para causar una mortalidad masiva, un hallazgo que requerirá más análisis y corroboraciones en otros yacimientos.




