Elis Mendoza, arquitecta mexicana y cofundadora de Patio Lab, ha dedicado su carrera a investigar violaciones a los derechos humanos a través de innovación y tecnología, utilizando mapas, fotografías satelitales y reconstrucciones 3D. Su camino hacia la arquitectura forense comenzó en 2015, cuando visitó Sepur Zarco, Guatemala, una aldea indígena marcada por una historia trágica de violencia y transformación territorial debido a la guerra civil. Su trabajo en colaboración con abogadas de derechos humanos permitió reconstruir la historia de mujeres indígenas víctimas de abuso, posicionando la arquitectura no solo como un campo de estudio, sino como un testigo crucial en la búsqueda de justicia.
Mendoza destaca el potencial de la arquitectura para ejercitar violencia, señalando cómo el diseño de espacios puede convertirse en una herramienta de control y opresión. En su opinión, los arquitectos tienen un papel importante en el diseño de las dinámicas sociales y los espacios urbanos, que a menudo son usados para segregar y marginar a sectores vulnerables de la población. Al enfatizar que la arquitectura no es neutral, subraya que las decisiones tomadas en el campo arquitectónico están ligadas a cuestiones de poder y política, y que esta relación debe ser entendida y cuestionada.
El surgimiento de la arquitectura forense a finales de la década de 2000, promovida por Eyal Weizman, ha abierto un debate fundamental sobre la capacidad de la disciplina para actuar como un baluarte en la defensa de los derechos humanos. Mendoza visualiza a Patio Lab como un laboratorio militante que no solo busca documentar la verdad, sino también desafiar el monopolio del Estado en la producción de conocimiento y discursos sobre la verdad. Su enfoque incluye un compromiso ético de situarse del lado de las víctimas, asegurando que su investigación no solo sirva para construir una narrativa, sino para restituir dignidad a las personas afectadas.
En la reciente conversación que sostuvo en el seminario DATe: Arquitectura, diseños y territorios, Mendoza evidenció la importancia de crear mapas colectivos como espacios de diálogo en contextos socialmente polarizados. Los mapas, más allá de ser meramente instrumentales, son construcciones narrativas que pueden visibilizar injusticias. Aboga por una práctica que equipare el poder de los mapas con el de las voces de las comunidades, fomentando espacios que no solo registren, sino que también sirvan para la reivindicación social y la memoria colectiva. En estos tiempos convulsos, su trabajo se erige como un acto de resistencia frente a la violencia institucional y social.
Finalmente, la visión de Elis Mendoza en Patio Lab es optimista y desafiante. Cree en la posibilidad de un futuro en el que la arquitectura contribuya a la justicia, promoviendo espacios de encuentro y diálogo, en contraposición a los ambientes de segregación que han dominado durante décadas. Tal labor no es fácil, especialmente en un contexto como el mexicano, donde el narcotráfico también reconfigura las dinámicas de poder. Sin embargo, resalta la importancia de la colaboración interdisciplinaria y la imaginación como herramientas para tejer nuevas formas de comunidad, vislumbrando en la unidad y la creatividad una salida hacia un mundo más equitativo.




